jueves, 10 de febrero de 2011

LA VIDA ES UNA ESCUELA

La vida es una escuela. El Gran Maestro sabe los problemas que necesitamos para mantenernos alertas y expresar las maravillosas cualidades que el Padre ha medido para que alcancemos. Ése es nuestro propósito en la vida, manifestarla idea perfecta de Dios del hombre perfecto. En el principio Dios creó al hombre según Su imagen y semejanza, del mismo modo que creó la pequeña semilla para que produjera según su especie. “Como vive la flor en la semilla, así vive Cristo en mí.” El germen de la semejanza de Dios duerme en nosotros, y nuestro verdadero designio debe ser manifestar este perfecto Ser o Cristo de Dios en nuestras vidas. Todos nosotros tarde o temprano, llegamos a un punto en nuestro desenvolvimiento en que no estamos ya satisfechos de continuar viviendo de la vieja manera, sin el conocimiento de nuestra unidad con Dios, la Fuente de nuestro ser. Algunas veces, cuando llegamos a este punto de nuestro progreso, no sabemos al principio lo que está sucediendo. Nos volvemos inquietos e insatisfechos. Quizás tengamos experiencias que no comprendemos. Puede que hasta estemos tentados a creer que nuestro bien nos ha abandonado. Pero tan seguro como hay Dios, la única Presencia y el único Poder, encontraremos que todo está bien y que sólo estamos pasando de una sala a otra mayor y con más luz. Cuando dejamos detrás viejas circunstancias, creencias, hábitos y deseos y tratamos de comprender, entrar y alcanzar las bendiciones de la vida más ancha que continuamente se abre ante nosotros, nos llena un sentimiento de paz, libertad y seguridad de que todo está bien. Debemos entonces volver nuestra atención dentro de nosotros a esos pensamientos y actos que contribuyen al equilibrio, orden, salud y éxito. Cuando nos convencemos de que somos hijos de Dios, que tenemos poder y autoridad pata pensar y hablar lo bueno y lo verdadero, y manifestarlo en relaciones armoniosas y alrededores agradables, no invitamos ni nos sometemos más a la inarmonía, incomprensión o limitaciones. Nos entregamos a la protección de Dios y pensamos la Verdad, que nos dirige por caminos tranquilos y agradables. Cuando pensarnos en los demás como hijos de Dios, los vemos en una nueva luz. Comprendemos cómo es que están tratando de desenvolver y usar las facultades y poderes que Dios ha implantado en ellos y sentimos compasión si ellos parecen caer algunas veces. Tenemos también poder de hablar la Verdad para ellos, bendecirlos y ayudarles.“Bendecidos sean aquellos que tienen hambre y sed de justicia; porque ellos serán satisfechos.” Todos estamos hambrientos y sedientos de rectitud. Todos estamos aprendiendo a recibir lo que nos alimenta y satisface. Así, puedes regocijarte en este momento porque el Espíritu Santo te está bendiciendo con las cosas que precisamente necesitas y continuará enseñándote más y más de la Verdad hasta que alcances la completa conciencia de Cristo. No te perturbes por nada que ya pasó o parece estar sucediendo ahora o vendrá en el futuro. Deja el pasado, el presente y el fututo en las manos de Dios. Entrégate al cuidado y guarda de Dios y sólo haz aquello que provea al Espíritu de la necesaria cooperación y los materiales necesarios para ser convertidos en armonía del alma, fortaleza y salud del cuerpo. Conserva tus pensamientos libres de cuidados. Sostenlos en asuntos inmediatos, en la presencia. y el poder de Dios. Algunas veces el alma se pone tan ansiosa acerca de lo que desea hacer, que descuida el cuerpo. Eso no es justo para el cuerpo, ni para aquellos que tienen que cuidarlo cuando es desatendido. Tu primer deber, por eso es bendecir tu cuerpo. Dirige tus pensamientos a su interior y alaba su maravilloso trabajo. Descubre lo que necesita y haz arreglos para satisfacer esas necesidades. Algunas veces suceden cosas e nel plano de los sentidos en relación con el cuerpo físico, que nos hacen menospreciarlo y casi desear que no lo tuviéramos. En un caso así, el alma puede proyectarse hacia afuera tanto, que el cuerpo se olvida hasta de que sufre. El sufrimiento es uno de los medios de llamar la atención al alma hacia su bello templo. La mente de Cristo puede dirigir el alma y lo hará, en su maravilloso trabajo en el cuerpo, de modo que continúe teniendo ese muy necesario vehículo de expresión. La luz de la Mente de Cristo nos permite ver todas las cosas en su justa relación, de manera que la paz prevalezca. Creemos que la creación entera responde a la conciencia del hombre. Si a veces algunas de las creaciones menores le perturban o molestan lo que posee, debe estudiar cómo cambiar su conducta o aprender más acerca de aquel aspecto de la mente de la raza que ha causado la formación defectuosa .Aprender a comprender el plano divino de vida y obedeciéndolo, da sabiduría en el manejo de las tendencias indeseables. Debemos declarar que hay una Inteligencia, un Poder, una Vida, y una Sustancia y que ningún elemento destructivo estorbará estas justas expresiones de las ideas de Dios. Dios establecerá el orden adentro y afuera. La ley igualadora de Dios es efectiva en todas partes. Para todo lo que tiene su sitio en la tierra hay satisfacción justa y hay bastante para todos bajo la ley divina. Debernos ayudar a los otros a salir de las viejas creencias de la raza acerca de la vida: que nacemos, llegamos a la madurez, tenemos hijos, los criamos y educamos y entonces declinamos y morimos. Podemos y debemos ayudar a otros a alcanzar la más alta visión de vivir, el desarrollo de aquellas cualidades del alma que hacen de la vida una bella y útil experiencia. Hay tanto que ver, aprender y hacer, que seguramente no podríamos vivirlo todo en “tres veintenas y diez años más.”Estoy convencido de que estamos llegando al tiempo en que nos veremos obligados a afrontar la vida eterna—poner el alma cara a cara con el poder del Cristo y mantenerla dentro del verdadero curso de la vida hasta que el plan verdadero de esa vida se conozca y cumpla. El comer del árbol del conocimiento del bien y del mal resultó en el encuentro por el hombre de lo que pensó un camino para salir de sus defectos: rendirse y entregarse al sueño. Casi todos nosotros hemos pasado ya de esa manera infantil. Nos hemos determinado a aprender acerca de los usos de la mente; estamos despertando nuestras facultades y descubriendo la ley de salud. Ahora tenemos que aprender lo que realmente vale la pena y dedicarnos a ello. Mientras hacemos esto descubriremos que somos independientes; que en realidad podemos decidir por nosotros mismos lo que hacemos y llevar a cabo nuestros planes. Eres un ser triple. Sin duda has leído en tu Biblia que el Espíritu de Dios vive en el hombre y le da aliento y que el hombre tiene un alma y un cuerpo físico. Pero, ¿has estudiado realmente estos hechos, tratando de comprenderlos, para saber cómo usar ese triple carácter según la voluntad de Dios? Hemos aprendido que la presencia misma de Dios, Su vida y inteligencia están eternamente en el ser del hombre. El Espíritu de Dios es el que te da inteligencia y vida, el Espíritu ha desarrollado para ti la vida mental que llamamos alma. El alma ha construido el cuerpo y continúa renovándolo siempre día tras día. El Espíritu no tiene edad; es eterno como Dios es eterno e incambiable. El alma no es vieja en el sentido de estar decrépita, llena de años. El alma está siempre desenvolviendo las ideas de Dios y éstas son incambiables. El desarrollo de las cualidades del alma hace que el individuo se vuelva más y más maduro en sus juicios y expresiones. El alma siempre se mantiene en contacto con lo que es verdadero acerca de Dios y el Hijo de Dios, y está siempre vivificada y ávida de las experiencias de la vida. El cuerpo, que se forma por la acción de pensamientos de vida, amor, sustancia, poder e inteligencia en todos, nunca es viejo. La sustancia misma de que está formado y que lo nutre y sostiene es siempre nueva y responde a los pensamientos de vida impresos en ella. Sabemos que el cuerpo se renueva periódicamente. Podemos renovarlo y reconstruirlo cambiando su apariencia, cambiando nuestros pensamientos y hábitos de vida. Antes que nada, recuerda que Dios es omnipresente —tan presente como la misma vida en que vives, te mueves y tienes tu ser; la sustancia misma de que se forma y nutre tu cuerpo; la inteligencia misma que está en ti, en cada nervio, célula del cerebro y estructura del cuerpo. Dios es el amor mismo que atrae y sostiene en perfecta armonía —si sólo lo permites—todos los elementos de tu ser. Dios es la luz misma que te hace capaz de comprenderte, comprender a los demás y a toda la creación de Dios, de modo que siempre pienses la Verdad, el estado verdadero de toda la creación. Ora por comprensión. Reclama tu unidad con Dios. Estudia tu relación con Él para que sepas cómo alcanzarla abundante vida, inteligencia, sustancia y amor, para que puedas asimilar esto en tu alma y tu cuerpo, y tu expresión sea perfecta. Cuando llegues al punto de estar listo para cooperar con la Fuente de todo bien —el Señor que vive en ti—estás en camino de recibir Su ayuda. Desde el principio, todas las cualidades y capacidades que necesitas para hacer un perfecto destino para ti, fueron implantadas en tu ser. Por medio de tu estudio, comprensión y práctica de los principios de la Verdad, estás descubriendo como despertar, desarrollar y liberar en expresión recta todos estos internos recursos espirituales. Dedica períodos regulares para orar cada día —aquellos más convenientes para ti. Usa palabras de Verdad durante tus períodos de silencio. Cuando cambies tu manera de pensar y la ajustes a los principios de la Verdad, una transformación tendrá lugar en tu conciencia. Tu mente se volverá penetrante, despierta, alerta, iluminada, y el templo de tu cuerpo se llenará de nueva vida. Serás inspirado con nuevas y prácticas ideas que teharán capaz de un éxito de mayor alcance. 

Charles Fillmore

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